Hagamos de Bankia el mejor lugar para Trabajar

En esta sociedad, desde niños se nos inculca la importancia de esforzarnos para dar lo mejor de nosotros mismos, para ser los mejores, para superarnos en los estudios y en el trabajo.

Con frecuencia asumimos este tipo de creencias con gran convicción. Esta exigencia se orienta sobre todo a obtener resultados para cumplir con el “mandato de los objetivos” o simplemente con el “mandato de trabajar por la tarde”  olvidando muchas veces nuestra  propia necesidad, lo que es importante o deseable, dejando a un lado la faceta más importante de nuestra vida, la faceta personal y familiar 

En este proceso de complacer y de cumplir con mandatos, en muchos casos cortoplacistas, se encuentra mucha insatisfacción, porque la exigencia nunca se sacia, los logros nunca son suficientemente buenos, las cosas siempre pueden hacerse mejor… Desde este enfoque, son habituales los pensamientos enfocados a mirar lo que falta o lo que no se pudo completar y también las descalificaciones porque el esfuerzo no fue suficiente. En el día a día tenemos la percepción de tener más “fracasos” que “aciertos”, todos los mensajes se centran en lo que se ha hecho mal… en lo que queda… en lo mejorable… en los reportes… en los mails…

Las personas comprometidas con la exigencia tienen dificultades para separar “lo que soy” de “lo que hago”, y acaban haciendo como suyas exigencias, maneras de vivir, principios que no nacen de su reflexión ni de su propia personalidad, sino de terceros a los que a veces poco (o nada) importamos.

Así acabamos viviendo vidas que no son las nuestras, abandonando lo que más nos importa, a quienes más queremos, siendo infieles a nuestros principios, a nuestra moral, en aras a “ser responsables.” A costa, en muchos casos, de nuestra salud y de nuestra familia.

Pero la responsabilidad no es patrimonio de nuestro trabajo, debemos ser responsables con nuestra salud, con nuestras parejas, nuestros hijos, nuestra vida intelectual, espiritual, con nosotros mismos. Y SÍ ES POSIBLE.

La excelencia, sin embargo, no mira tanto el hacer y los resultados, como el ser y mi compromiso con mis objetivos, con aquello que es prioritario para mí. La excelencia se centra en el proceso, en el camino, más que en la meta. En el camino hay aprendizaje, creatividad, potenciación de mis habilidades, disfrute, celebración…  Si algo sale mal, no soy yo, es una parte de mi hacer que se puede mejorar. 

Las personas comprometidas con la excelencia viven el error como una oportunidad de aprendizaje, no como un fracaso. Buscan alternativas, aceptan otros puntos de vista, admiten las críticas y las sugerencias, porque no se sienten amenazadas y cualquier aportación es una oportunidad para seguir aprendiendo y avanzar hacia el objetivo.

La excelencia nos permite conectar con aquello que queremos realmente, lo que nos gusta y nos hace trascender. Por este motivo decimos que, desde la excelencia, la posibilidad de conseguir resultados aumenta considerablemente.

 

Hagamos de Bankia

el mejor lugar para Trabajar.

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